En las publicaciones las primeras denominaciones de este territorio

En las publicaciones, las primeras denominaciones de este territorio como “Mesoamérica marginal”, “confines septentrionales”, “esfera septentrional” y finalmente “Norte o Centro-Norte de Mesoamérica” muestran la evolución de los puntos de vista y de las interpretaciones sobre él. El estado de los conocimientos actuales sobre la arqueología del Bajío y, en particular sobre la producción cerámica, depende mucho de los distintos proyectos desarrollados p-Cresyl sulfate cost partir de los años 1980. En 1985, una primera reunión de investigadores involucrados en proyectos sobre el Bajío permitió sintetizar los datos colectados por cada uno y recentrar las investigaciones alrededor de cinco lineamientos comunes () que son: 1) el estudio de los recursos y sus modos de explotación; 2) identificar los movimientos de población; 3) entender las interacciones con otros grupos mesoamericanos, en particular con el valle de México; 4) el estudio de los movimientos de la frontera septentrional y 5) precisar la cronología. La obra colectiva (Castañeda et al. op. cit.) obtenida de esta reunión presenta esencialmente resultados preliminares y generales; propone un marco de estudios homogeneizado y pistas de trabajo a los distintos actores de los proyectos en la región.
En 1992, una segunda reunión se inscribe en la continuidad de las investigaciones publicadas en 1988 pero se enfoca solamente en cuestiones de material cerámico, y en particular sobre un “grupo paradigmático”: el Rojo sobre bayo (Saint-Charles et al. 1992: 4) de la fase Lerma de Snarskis. Este nominado cubre en realidad el conjunto de producciones cerámicas que comparten por cerca de mil años un mismo concepto decorativo: el uso de pintura roja sobre engobe bayo. La presencia muy larga de esta tradición y las dificultades para identificar los indicios de su evolución cronológica ya habían sido señaladas en la primera reunión. Este tema parece lo suficientemente estratégico en el desarrollo de las investigaciones para justificar una segunda reunión; ésta se concluye con la definición de provincias cerámicas fundadas en una repartición espacial de las pinturas y engobes utilizados en su fabricación (Saint-Charles et al. 1992: 4). La presencia de cerámica fina incisa se menciona en la provincia del Lerma Medio y en menor proporción en las del Lerma Central y de San Juan del Río; en cambio, no se menciona su presencia en la provincia del Río Laja (Saint-Charles et al. ídem: 5-7).
Los autores precisan claramente que estas provincias sólo reflejan la clasificación arqueológica de los artefactos cerámicos Rojo sobre bayo, y no una realidad histórico-cultural, la cual debe definirse según el conjunto de vestigios y testimonios accesibles a lungs los arqueólogos (ibíd. 1992:8). Finalmente, las principales problemáticas sobre estudios cerámicos se establecen en el transcurso de esta reunión:
Las problemáticas propuestas en estas dos reuniones siguen actuales y los proyectos más recientes tienden a resolverlas a partir de datos locales.
La última reunión de los actores trabajando recientemente sobre el Bajío y regiones aledañas tuvo lugar en octubre de 2007, como mesa redonda sobre la cerámica epiclásica del Bajío. El encuentro se enfocó sobre cuestiones cronológicas e interacciones con otras regiones (Pomedio et al. 2013). Anteriormente, un taller se llevó a cabo en el Colegio de Michoacán, reuniendo a los integrantes de los proyectos en el Bajío del Cerro Barajas, Cerro de Chichimecas, Peralta y El Cóporo, con el fin de comparar tipos cerámicos y determinar su presencia en uno o varios de los sitios. Este trabajo permitió a los proyectos acordarse sobre una denominación común de los tipos y limitar las desmultiplicaciones y confusiones terminológicas.
Otros dos proyectos de alcance regional incluyen análisis cerámicos, pero no aportan muchas precisiones más al nivel cronológico. Los análisis de los proyectos Lerma y Gasoducto, accesibles en los informes técnicos del INAH y en tesis de licenciatura de la ENAH (véase entre otros Velazquez 1982 y Durán 1991) constan esencialmente de estudios de colecciones de superficie procedentes de prospecciones. Estos estudios aportan precisiones al nivel tipológico, pero la ausencia de contextos estratigráficos no permitió subdividir la larga fase Lerma. En estos estudios los autores se refieren sistemáticamente al informe o a la publicación de Snarskis para estimar la temporalidad de lo tipos propuestos. Además, sin colección de referencia (muestrario), tuvieron que trabajar solamente a partir de descripciones y dibujos, lo que obviamente limita las posibilidades de comparación. Nalda creará luego una colección de referencia en el marco del Proyecto Lerma, pero hubo que esperar hasta 2007 para que existiera una propuesta de denominación común de los tipos a partir de comparaciones directas de los muestrarios de distintos proyectos.